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huevo


Es un alimento de alto valor biológico dada su especial composición nutricional. Está cubierto por una cáscara con un alto contenido de carbonato de calcio cuyo color, dureza y elasticidad depende de la especie del ave.

La cáscara es porosa y cuenta por dentro de una película protectora que protege al huevo de la entrada de gérmenes y otros contaminantes.

El huevo de gallina es el más utilizado y aporta alrededor de 80 kcal por unidad. Está constituido por: la yema de color amarillo y la clara de color transparente.
La yema es rica en grasas: triglicéridos, fosfolípidos (lecitina) y colesterol. El aporte de colesterol por yema es de alrededor de 250 miligramos. También aporta minerales como fósforo, zinc y selenio, además de vitaminas: A, D y del complejo B, especialmente, vitamina B12, ácido fólico y biotina.
La clara de color transparente está constituida principalmente por proteínas. El huevo aporta alrededor de 7 gramos de proteínas por unidad, con un muy buen patrón aminoacídico. La proteína es de alto valor biológico y con una digestibilidad cercana al 100%. Un 50% de la proteína corresponde a ovoalbúmina, correspondiendo el resto a ovotransferrinas, glucoproteínas y lisozimas.
Los huevos deben mantenerse refrigerados donde duran aproximadamente 28 días. Una forma de conocer si están frescos o no es colocándolos en un recipiente con agua, si el huevo se hunde hasta el fondo es fresco. Un huevo que flota significa que no está fresco.
Debe tenerse cuidado con el producto cuando la cáscara está rota porque de esta manera se pierde la barrera para la entrada de gérmenes. También debe preferirse los huevos limpios, sin materia fecal adherida y sin trizaduras, ya que representan un riesgo desde el punto de vista bacteriológico. Los huevos pueden ser portadores de gérmenes muy dañinos como salmonellas, especialmente salmonella enteritidis, escherichia coli y estafilococos. Las salmonellas pueden estar presentes en el aparato digestivo del ave y contaminar el huevo al momento de ponerlos, donde venciendo las barreras de penetración (cáscara, membranas y clara) pueden llegar a la yema, la que representa un excelente caldo de cultivo para estos patógenos. Esto permite el desarrollo de severas enfermedades de quienes los consumen crudos o mal cocidos. Se recomienda consumir el huevo siempre cocido, rompiendo siempre la yema para que ésta también pueda ser cocinada.